Artículos doctrinales

15/01/2011

Crisis de valores

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Javier López y García de la Serrana en su artículo titulado "Crisis de Valores"La crisis de valores no consiste en una ausencia de éstos, sino en una falta de orientación frente al rumbo a seguir en nuestra vida y qué valores usar para lograrlo.

La celebre frase del escritor judío-alemán Carlos Marx “la religión es el opio del pueblo”, reflejada en su escrito de 1844 Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, no tiene mucho sentido en pleno siglo XXI. Ciento sesenta y seis años más tarde, la crisis de valores parece evidente y la religión ha pasado a un segundo plano, sobre todo en los países desarrollados. Posiblemente esto se debe a un excesivo materialismo, que desplaza claramente a la parte espiritual de muchos hombres. El espíritu queda pues rezagado y la religión, por tanto, también.

Koichiro Matsuura, director general de la UNESCO se preguntaba ¿a dónde van a parar los valores? La crisis de valores no consiste en una ausencia de éstos, sino en una falta de orientación frente al rumbo a seguir en nuestra vida y qué valores usar para lograrlo. Tal como lo señala Matsuura, “la crisis por la que atravesamos no es una crisis de valores en sí, sino del sentido de éstos y de nuestra aptitud para gobernarnos y orientarnos”.

Frente a este tema de la crisis de valores, salen a relucir dos aspectos esenciales para nuestro desarrollo: la educación y la familia. El escritor peruano Carlos Alberto Rosales se pregunta ¿hasta qué punto nuestros gobernantes ponen todos los medios necesarios para impulsar la calidad en el aprendizaje académico y humano tanto en la escuela como en la familia? ¿Cómo se promueve la participación de la familia en la educación de sus hijos?

Lamentablemente los políticos sólo se acuerdan de la familia y de la educación para satisfacer sus intereses. Si no fuera por instituciones de la sociedad civil y del sector privado, nuestra sociedad no tendría ni siquiera la esperanza de ser mejorada. Sin embargo, todavía se puede recuperar el camino desandado. Para ello se necesita que cada ciudadano, desde la función que ejerce en la sociedad, tome conciencia de los efectos que dejan sus actitudes en la construcción de un país más justo, donde se respete la dignidad del ser humano. Es momento de cambiar esta crisis de valores por una actitud positiva frente al sentido de nuestras vidas.

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