Entrevistas

22/03/2018

Entrevista a Jordi Sevilla, economista y exministro de Administraciones Públicas.

La economía española ha mantenido firme un crecimiento por encima del 3% durante los últimos años, pero, en su opinión, ¿realmente cree que hemos salido de la crisis?.

Yo creo que sí. Creo que la crisis ha terminado. Creo que llevamos ya muchos años creciendo en torno al 2,5-3% y las previsiones para los próximos años se sitúan una ligera desaceleración pero también sólidamente en torno al 2,5%. Pero pasa que sigue habiendo mucha gente en crisis. Porque esta recuperación tiene unas características especiales que no llega a todo el mundo. Ayer mismo se publicó el informe social de Comisión Europea donde se constatan no solo que España tiene un nivel de desigualdad y pobreza superior a la media de UE, sino que el ritmo de reducción de la desigualdad y pobreza en España, está siendo mucho más lento que el resto de países de UE. Esto es, nuestra recuperación no está llegando a todo el mundo y ello explica en parte el enfado que estamos viendo estas semanas en mujeres o pensionistas. Gente que dice, si la crisis ha terminado por qué yo sigo en crisis.

En esta fase de recuperación económica ¿a qué lastres más inmediatos debemos hacer frente?

Bueno, esta es una recuperación como digo, especial, que tiene mucho que ver con esto que llaman los vientos de cola: precio del petróleo, depreciación del euro y desde luego la caída de tipos de interés y las políticas monetarias expansivas del Banco Central Europeo, que han aportado casi las tres cuartas partes del crecimiento según el Banco de España. Por tanto hay que tener una cierta tranquilidad a la hora de reconocer que si esos vientos de cola cambian las cosas pueden ponerse un poquitín peor a corto plazo, porque seguimos teniendo-y este sería uno de nuestros primeros hándicaps- un país muy endeudado. Es verdad que estos últimos años las familias y las empresas han reducido proporcionalmente su endeudamiento, pero cualquier movimiento al alza de los tipos de interés que en este momento nadie discute si subirán  o no -sino cuándo ocurrirá-, puede afectar negativamente.

Y a nivel de recuperación empresarial, ¿qué retos nos quedan por acometer?

Creo que hay importantes retos que tenemos que englobar en dos grandes orientaciones. En primer lugar, lo que a mí me gusta llamar cerrar las heridas del pasado. Creo que la crisis y las políticas que hubieron de ponerse en marcha para hacerle frente a la crisis han dejado muchas heridas abiertas. Una de ellas es la pobreza. Tenemos que ser conscientes de que en este momento tenemos una tasa de pobreza no solo superior a la media de la UE sino que golpea especialmente a jóvenes y a niños. Esto no se va a resolver solo con tiempo, o solo esperando, hay que hacer algo especial.

El segundo reto para cerrar el pasado tiene que ver con el mercado laboral. No podemos sentirnos contentos con un mercado laborar donde las nuevas incorporaciones son precarias.

Y el tercer gran reto del pasado tiene que ver con las cuentas públicas. Nosotros hemos tenido un gran déficit público como consecuencia de la crisis. Estamos recuperando la situación como consecuencia del crecimiento. No tiene ningún misterio. Cuando la economía va mal se hunden los ingresos y cuando va bien suben los ingresos. Pero si queremos rebajar el nivel de deuda que tenemos necesitamos superávit primario. Y el superávit primario en un contexto como este donde están encima de la mesa retos embalsamados tan importantes como las pensiones, o la financiación de la sanidad y de la educación, o la equiparación de sueldos entre funcionarios de unas comunidades y otras y la administración general del estado, nos sitúa en un escenario en el que las cuentas públicas van a seguir siendo un reto y un desafío importante.

Y luego está el otro gran bloque que es ganar el futuro. Nosotros tenemos que mirar hacia adelante con dos grandes retos. Uno de ellos es la lucha contra el cambio climático. Esto no es ya una cuestión de opiniones. Esto ya son directivas comunitarias, esto ya son compromisos que tiene que adquirir las empresas, compromisos que están ya empezando a extenderse a los bancos y entidades financieras que no conceden préstamos a  empresas que no tengan planes de sostenibilidad. Y por otra parte la revolución tecnológica asociada a la digitalización, donde todavía estamos muy por detrás de otros países de la Unión Europea.

Y hablando de impactos en la economía de los países ¿qué supondría para la economía española y europea una supuesta independencia catalana?

Como es una hipótesis que no contemplo ni tan siquiera como un caso de estudio, creo que es sencillamente imposible una independencia catalana, pues no me he detenido ni me interesan los estudios que se hayan podido hacer sobre el impacto de algo que no va a ocurrir.

¿Qué cambios son necesarios para facilitar la competitividad de las empresas españolas?

Yo creo que cambiar el modelo productivo. No se trata de lo que haces sino de cómo lo haces. Tenemos que ser conscientes que no tenemos que ser competitivos por hacer las cosas más baratas sino por hacer las cosas mejor. Que no podemos seguir obsesionados por la devaluación o la depreciación salarial sino que tenemos que empezar a obsesionarnos por la tecnología, por la I+D, por la innovación, por la investigación, por marcar valor diferencial y por ser capaces de tener un hueco en los mercados mundiales donde se nos reconozca nuestra calidad y no nuestro precio. Si optamos por el precio, en una economía globalizada, siempre habrá otro país que lo haga más barato que nosotros. Por tanto tenemos que centrarnos en aquello que sabemos hacer y hacerlo lo mejor posible.

El día 8 de marzo estuvo en Granada, compartiendo Diálogos para el Desarrollo con Lorenzo Bernaldo de Quirós, y con posterioridad tuvo ocasión de intercambiar impresiones con varios empresarios granadinos ¿qué sensación le causó el entorno granadino y su tejido empresarial?

En los últimos años está habiendo un gran esfuerzo que tiene para mí todos los elementos para ser ejemplares en otras partes de nuestro país. La labor conjunta entre las instituciones, el sector empresarial y la Universidad, trabajando juntos en proyectos de futuro. Trabajando juntos en innovación tecnológica. Trabajando juntos en parques tecnológicos, trabajando juntos en spin-off desde las propias universidades. Es decir intentando que Granada sea percibida en el mundo, no solo como la ciudad donde está Sierra Nevada o la Alhambra, que ya de por si es suficiente, sino también como un sitio donde venir a investigar y a aplicar el talento al mecanismo productivo. Yo creo que ese esfuerzo de ver al sector público y privado con la Universidad trabajando juntos podría ser modélico para otras provincias de España.

La alarma crece y los ciudadanos se preguntan si habrá pensiones para todos… ¿Hay razones para esta alarma?

Vamos a ver, yo creo que no hay razón para la alarma. Pero si es verdad que dentro de 20 años habrá un gran peso de pensionistas que tendremos capacidad de votar y sin duda, con nuestro voto conseguiremos financiar nuestras pensiones. Otra cosa es que seguramente para poder financiarlas el actual modelo tendrá que cambiar. Y creo que eso es de lo que se tiene que estar hablando en el pacto de Toledo. El enfoque para mí no es cómo recortar las pensiones porque con el actual modelo no se pueden financiar, sino cómo cambiamos el modelo para financiar las pensiones. Creo que ese es el cambio que se tiene que dar y creo que hay mucha gente que está aportando soluciones en la línea de que habrá que meter más ingresos, habrá que mejorar las fuentes de financiación.

La Inteligencia artificial se muestra como uno de los aspectos clave en la gestión de las grandes corporaciones si bien ¿qué alcance tendrá para las pymes?

Nada de lo que hemos conocido hasta ahora en la historia de la humanidad se parece a lo que estamos conociendo ya y a lo que vamos a conocer en los próximos años. Por dos cuestiones fundamentales. Una, hasta ahora todos los avances tecnológicos que ha habido, que han sido ya muchos, sustituyen fuerza humana. Ahora es la primera vez que estamos ante un desarrollo tecnológico que pretende sustituir inteligencia humana, talento humano. Y estamos hablando de algo que no es un algoritmo, no es un programa que responde a un incentivo, es un programa que aprende y que se autocorrige. Yo creo que eso abre unas perspectivas desconocidas por completo, que frenarlo es imposible y que tiene que estar al alcance de toda la sociedad y no solo de la empresa. Que nos tiene que hacer replantear cómo se trabaja en ese contexto, cuál es el tipo de formación y de cualificación que necesitamos para los que vayan a trabajar en ese contexto, y cómo vivimos en una sociedad en la que a lo mejor los robots hacen  una buena parte del trabajo que nosotros hacemos ahora. Pero eso no hay que vivirlo como una maldición sino como una bendición si somos capaces de ordenar el conjunto de la sociedad de una forma distinta, porque seremos más ricos y más productivos y lo que tendremos es que poner encima de la mesa cómo lo distribuimos de una forma más justa y equitativa. Es verdad que este proceso de innovación tecnológica entra por las grandes empresas, fundamentalmente, pero la semana pasada que estuve hablando con responsables de grandes empresas tecnológicas en nuestro país y me decían que estos últimos meses se nota un cierto parón de la gran empresa en el sentido de que cree que ya han hecho un salto y que ahora hay que deglutirlo un poco para no cansar al consumidor o para no tensionar demasiado  las estructuras de su empresa y que son las pequeñas y medianas empresas las que están incorporando cada vez más estas nuevas tecnologías, y que lo están haciendo entre otras cuestiones porque representan un ahorro de costes del 30-35% y porque si tu no lo haces lo hace el competidor y te deja fuera del mercado. Yo creo que vamos a vivir en los próximos muy pocos años un salto muy importante en la extensión y en el uso de este tipo de tecnologías y lo que tendremos es que ver cómo nos adaptamos para vivir con ello.

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