Entrevistas

15/05/2013

Entrevista a María Teresa Martín Vivaldi, pintora de arte

María Teresa Martín-Vivaldi García-Trevijano (Granada 1955), es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, sección de Antropología social, por la Universidad Complutense de Madrid. Miembro de una familia caracterizada por el ambiente de estudio, el interés literario y artístico y la apertura a las diferentes ramas del saber (es sobrina de la poeta Elena Martín Vivaldi y no escasean entre sus familiares los catedráticos universitarios de Medicina, Ciencias, Letras y Derecho). Tiene contacto desde su infancia con las vanguardias artísticas del momento y una vez finalizados sus estudios universitarios se dedica a la pintura. Su interés por la obra gráfica la lleva a estudiar grabado con Julio Espadafor. Asimismo realiza carpetas de serigrafías y litografías. Colabora habitualmente con diferentes editoriales y casas discográficas como ilustradora y diseñadora de cubiertas. Entre sus exposiciones cabe destacar las realizadas en la Galería Santiago Collado de Granada en 2013, en el Palacio de la Madraza de la Universidad de Granada en 2012, en el Petley’s Galler de Londres en 2011, en el Museo de arte Moderno de Ostende, Bélgica (2002-2003), en la Caesarea Gallery de Florida en 2001, entre otras.

Usted es licenciada en Ciencias Políticas y Sociología, ¿qué le hizo dedicarse a la pintura?

La vocación sin duda. Siempre quise pintar, y dado que cuando terminé la carrera no tenía una salida profesional clara dentro del mundo de la Antropología Social que fue la especialidad que hice, decidí que en el peor de los casos prefería ‘malvivir’ de la pintura que de la sociología, así que me lancé a este mundillo un poco de locos, empecé a hacer exposiciones, en principio de un modo muy amateur, y poco a poco fui aprendiendo con mucho trabajo y mucha dedicación, y aquí sigo, con el mismo entusiasmo del primer día y el mismo interés por seguir mejorando, porque en el arte no se acaba nunca de aprender.

¿Le marcó la figura de su tía, Doña Elena Martín Vilvaldi, para que usted se dedicara a la pintura?

No, porque cuando decidí dedicarme a este oficio vivíamos en Madrid, y la relación con la familia de Granada se limitaba a algunas visitas esporádicas. La relación con mi tía Elena se hizo más estrecha una vez que nos vinimos a Granada y tuve la suerte de tenerla cerca, de tratarla y de conocerla bien. Ella tenía un gran interés por la pintura, por la música, o sea que teníamos aficiones y amigos comunes. Su sensibilidad, su manera de ver y de percibir el mundo sí ha tenido una influencia muy grande en mí. Tengo el privilegio de tener dedicado a un cuadro mío uno de sus grandes poemas, el titulado ‘La música callada’, y es algo de lo que me siento extraordinariamente orgullosa.

 ¿Cómo fueron sus inicios en el arte de la pintura?

Como no hice estudios de Bellas Artes me propuse suplir este déficit con mucho trabajo, como ya he apuntado, dibujando mucho, estudiando todo lo que podía, de tecnicas artísticas, del uso de los distintos materiales, pintando mucho y rompiendo más. Hacía todo tipo de estudios, que unas veces se transformaban en cuadros, pero la mayoría se quedaban como simples ejercicios. Sobre todo he dibujado muchísimo. El dibujo es fundamental en mi pintura, aunque no aparezca ahora de forma visible, en mis cuadros siempre está detrás, sigo dibujando del natural aunque luego transforme en manchas de color es el dibujo previo el que sustenta toda la obra.

¿Cómo se tomó la familia que se decantase por la pintura?

Al principio no con gran entusiasmo, como es lógico. Mi padre conocía muy bien el mundo del arte, era muy amigo de Rivera, de Guerrero, de Viola, del escultor Eduardo Carretero, que era un asiduo de mi casa, y por conocer bien este mundo sabía de sus dificultades, y supongo que querrían para mí una profesión más segura y económicamente menos incierta. Cuando ya se vio que la cosa no tenía vuelta atrás y que no me iba demasiado mal no hubo ningún problema. De hecho mi madre fue siempre mi mejor apoyo además de ser mi mejor crítica.

¿Qué recuerda de su etapa en la Escuela de Arte y Oficios de Granada de las manos de Julio Espadafor?

Fue una época estupenda. Mi interés por el grabado me llevó a matricularme en la Escuela de Artes y Oficios, el grabado no se puede aprender de forma autodidacta, y allí conocí a Julio Espadafor, que era además un gran amigo de mi tía Elena. Julio era una persona extraordinaria y nos hicimos muy amigos. Como profesor era fantástico. El ponía en tus manos todas las técnicas del grabado pero sin influir en la interpretación artística que cada uno quisiera darle. Si corregía era siempre aspectos técnicos, nunca artísticos, y viendo las tendencias de cada alumno nos indicaba qué procedimientos podíamos emplear para sacar los mejores resultados. Aprendí mucho con él, tanto que a veces me dejaba al cargo de la clase cuando tenía algún viaje o algo fuera de Granada. Su temprana muerte me causó una gran conmoción, era el primer amigo que perdía, y creo que también se ha perdido un extraordinario creador. Espero que pronto podamos ver su obra reunida para disfrute de todos.

¿Cómo definiría su pintura? ¿En qué estilo la englobaría?

Como he pasado por diversas etapas a lo largo de mi carrera es un poco difícil para mí ponerme una sola etiqueta, he tocado muchos palos, y no sé si seguiré en el camino actual o habrá algún cambio más. Siempre hay figuración en mi pintura en mayor o menor grado, el color es protagonista indiscutible pero no sabría muy bien dónde colocarme dentro de todos los ‘ismos’. Me han clasificado como fauvista, por el color, post impresionista, dentro del realismo mágico, expresionista, en fin, que no me encuentro claramente ubicada en ninguna tendencia y participo de varias.

¿En qué se inspira para pintar? ¿Hace como decía Picasso: La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando? ¿Tiene algún tema preferido?

La frase de Picasso es absolutamente cierta: si no estás delante del papel o del caballete con los pinceles en la mano difícilmente se te ocurre nada. Para mí la inspiración viene siempre de la realidad, que como una partitura se aparece para ser interpretada. Temas tengo varios recurrentes: aguas, flores, jardines, pero en otras épocas ha sido la figura humana, la arquitectura o las naturalezas muertas.

¿Ha evolucionado su estilo desde su primera exposición individual allá en el año 1978 en el Hotel Meliá-Caballo Blanco de El Puerto de Santa María hasta su última exposición?

Creo que ha evolucionado muchísimo, como digo anteriormente he ido pasando por etapas en las que no sólo he cambiado de temática, sino también de técnica, de formatos e incluso de soportes. Mis inicios como acuarelista me sirvieron mucho para adquirir seguridad, ya que la acuarela no admite rectificaciones, pero pronto necesité mayores formatos de los que el papel admitía y adopté otras técnicas que dieron paso a otros cambios en las formas y en el concepto expresivo.

En 2011, en una exposición colectiva, se mostraron obras suyas en la prestigiosa Petley´s Gallery de Londres. ¿Qué supone para un artista ver su obra en el extranjero? ¿Pensaba algún día en ello?

Mi obra se ha expuesto no sólo en colectivas en Londres, sino en individuales en Bélgica, en Alemania, en Estados Unidos, en Canadá, en Portugal, etc. Si al principio me lo hubieran dicho me habría parecido un sueño, pero cuando ha ocurrido ya estaba preparada para ello y me lo he tomado con normalidad, casi me preocupa más exponer en Granada que fuera de España.

Es claro que es pintora por vocación, pero ¿sería capaz de ‘escapar’ de su estilo para conseguir una exposición concreta o por hacer una obra a un particular? También decía Picasso que: “Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta”, ¿comparte este pensamiento?

No se puede hacer algo en lo que no se cree. Yo pinto lo que me gusta a mí, cuadros que me gustaría tener y no desprenderme de ellos. De algún modo eso es lo que se puede transmitir al espectador, la sinceridad con uno mismo independientemente de las modas o de las tendencias oficiales en el arte, que también las hay. Suscribo completamente la frase de Picasso, ese es el ideal de todo pintor.

En el clima de crisis actual, ¿es difícil vivir de la pintura?

Es un milagro. Yo creo que en el momento actual es difícil vivir de cualquier profesión liberal. Es difícil para arquitectos, ingenieros, cocineros, fabricantes de zapatos, músicos, abogados o agricultores. Incluso para los funcionarios las cosas han empeorado mucho, así que en el mundo de la pintura no ocurre nada diferente del resto de la sociedad.

¿Cómo le está afectando la crisis? ¿Es más complicado ahora, no sólo vender un cuadro, sino hacer una exposición?

Varias de las galerías con las que yo trabajaba fuera de Granada han cerrado o están en una situación difícil. El simple hecho de mantenerse ya es una heroicidad, no sólo es más difícil vender un cuadro: hacer una exposición acarrea una serie ingente de gastos tanto para el pintor como para el galerista que la organiza, y si no hay expectativas de venta es muy complicado mantener este tipo de actividad. En cuanto a las instituciones oficiales la situación no es mucho mejor. Con los recortes en los presupuestos para cultura la actividad artística está en una situación bastante precaria. Hace poco un museo andaluz me pidió una exposición, por supuesto no tenían dinero para editar un catálogo, pero es que ni siquiera se podían hacer cargo del transporte de los cuadros, con lo que la cosa se ha dejado para mejor ocasión.

¿Notó que en la época de bonanza se compraba más arte? ¿Cree que todo el mundo que lo adquiría era consciente o que sólo lo hacía por tener dinero?

Naturalmente se compraba más arte que ahora. Hay distintos tipos de comprador de arte, el que compra algo porque le gusta o el que compra como inversión. Como el arte no es un artículo de primera necesidad es lógico pensar que se necesita un excedente de dinero para comprar pintura o escultura. En el caso de los compradores que sólo pretenden tener un objeto bello para su propio disfrute sí han bajado las ventas, a los inversores de arte que compran grandes firmas parece que les afecta menos esta situación económica dado que aquí nos movemos en cifras millonarias y los mecanismos del mercado se mueven de otra forma que en el caso de un coleccionista normal.

¿Es una buena inversión el arte?

El arte como inversión supone una apuesta que entraña riesgos. Todo depende del conocimiento que tenga el inversor y de la intuición que posea acerca de la posible revalorización de la obra de arte que compra. Los grandes artistas ya reconocidos siempre son una buena inversión, son un valor seguro, pero no son precisamente baratos, otra cosa es apostar por artistas no tan conocidos, y esperar qué ocurre a lo largo del tiempo con su cotización.

¿Qué medidas impondría para superar la crisis global actual? ¿Y para mejorar el mercado de la cultura?

Si cada día estamos oyendo declaraciones contradictorias de los grandes líderes políticos y económicos sobre las medidas a tomar frente a la crisis, no seré yo quien pueda aportar gran cosa. A menudo me encuentro sumida en el más profundo desconcierto ante las informaciones que nos llegan cada día: del desconcierto paso al estupor o a un estado de escandalizamiento que a veces me lleva a no querer saber nada de lo que ocurre; al final el interés me puede y vuelvo a leer la prensa económica, lo que no deja de tener en estos tiempos un cierto tinte de masoquismo. En cuanto a la mejora del mercado del arte habría que incentivar las ventas y fomentar el coleccionismo privado. Una medida podría ser una ley de mecenazgo, de la que ahora se habla, que afectase a todos los compradores de arte con desgravación de impuestos. Ya hay una ley de mecenazgo, pero son las grandes empresas y los bancos los que pueden beneficiarse fiscalmente de ella. Si se bajara el IVA del 21% al 8% que es el que teníamos antes, incluso a menos, podría moverse más el mercado y a la larga hacienda recaudaría más.

¿De qué obra se siente más orgullosa? ¿Y de cuál menos? ¿Por qué?

Alguien dijo que pintamos porque olvidamos. Yo además tengo muy mala memoria, así que no me acuerdo demasiado de obras que no me gustasen, la verdad es que si no mirase de vez en cuando mi archivo fotográfico no recordaría muchos de mis cuadros, y ahí incluyo todos, lo mejores y los peores, que alguno habrá. Como de mi estudio no sale nada que no me guste, se supone que doy por bueno lo que firmo en un momento determinado. Otra cosa es que mires atrás y no te reconozcas en una obra porque el estado vital y espiritual cambia y las formas de expresión el tiempo y tu experiencia las transforman. Yo no podria volver al momento anímico de hace 15 o 20 años y a mi pintura de entonces probablemente tampoco. Hay algunos cuadros que me gustaban especialmente y he conservado para mi colección particular, pero otros ya no los tengo, no se puede guardar todo.

¿Dónde le gustaría exponer?

En Italia, donde voy mucho, concretamente en Venecia que es la ciudad que más me fascina de cuantas he visto hasta ahora, y a la que vuelvo siempre que puedo y a la que he dedicado mi última exposición.

¿Si le preguntaran qué tres pintores han podido influir más en usted, quién diría? ¿Por qué?

Quedarme sólo con tres es muy difícil porque serían muchos, se aprende de todos, pero los indiscutibles para mí serían Miguel Ángel, Monet y Sorolla. Miguel Ángel es el gigante, el artista total, una fuerza de la naturaleza; la arquitectura, la escultura, la pintura, la poesía salida de sus manos son algo tan extraordinario que la visión de su obra no es que me haya influido, ojalá fuera así, es que me produce una emoción tan intensa que hace que lo que sienta ante su obra sea una absoluta veneración. Con Monet y Sorolla las emociones son distintas, estamos ante artistas de dimensión humana, absolutamente extraordinarios también, pero de este mundo. De Monet me gusta sobre todo su época de Giverny, los grandes paneles de las ninfeas y esa particular forma poética de ver el paisaje, más allá de la figuración, que anticipa la expresión contemporánea del arte. A Sorolla le falta ser francés para ser lo suficientemente reconocido ante el mundo como uno de los más grandes pintores de la historia. Lo de Miguel Ángel es otra cosa, es tan colosal que excede los límites normales de cualquier artista que hayan producido los siglos.

Para finalizar, ¿qué supone para usted Granada? ¿Si la pudiera plasmar en un cuadro qué pintaría?

Granada es la ciudad que me ha permitido vivir y trabajar en lo que me gusta. Es una ciudad cómoda por su tamaño medio, tiene una vida cultural rica, te permite frecuentar a los amigos, que para mí son muy importantes, paisajísticamente es bellisima, y si tuviera que resumirla en un cuadro probablemente aparecería la colina de la Alhambra con Sierra Nevada como gran telón de fondo que configura y manda de un modo determinante sobre todo nuestro entorno.

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